
El viernes 8 de agosto de 2008 será un día que pocos podrán darse el lujo de olvidar, la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 marca no sólo el inicio de la justa deportiva más grande de la humanidad, sino la presentación formal de un país que apunta hacia el liderazgo mundial, na nación que no tiene miedo y que no se detendrá hasta ocupar ese lugar que le pertenece.
Este día el pueblo chino nos entregó una de las ceremonias más hermosas que haya tenido la oportunidad de presenciar. Realmente no puedo decir que cumplieron, pues sobrepasaron todos los límites que había conocido hasta hoy, y es que lejos de la tecnología usada, la tradición y la cultura de un pueblo milenario pudo ser representado de una manera excepcional. Se me hace un nudo en la garganta cuando intento describir lo que vi esta mañana, y será porque es imposible, y sobre todo me siento incapaz de representar con palabras los magníficos escenarios mostrados. Desde la pirotecnia, los sellos chinos movidos por chicos (he de confesar que pensaba que eran controlados electrónicamente), la representación del Estadio Nacional en una formación humana, el protocolo, los niños cantando, la llama olímpica en su camino al pebetero y sobre todo el final que no pudo haber sido más poético, la vuelta olímpica desde la parte alta del gran estadio mientras se desenvolvía un rollo con las nubes de la fortuna chinas y más atrás, la memoria de los grandes eventos olímpicos, las grandes figuras, y porqué no… los más grandes Héroes. Algunos pensarían que es una palabra exagerada, pero yo digo que ‘Héroe’ es la palabra precisa para nombrar a aquellas personas que con su tenacidad y esfuerzo logran inspirar a toda la humanidad, son Héroes porque a pesar de los conflictos políticos y sociales, se levantan como las figuras representativas de la unidad y la armonía; no, no se me ocurre otra manera para llamar a personas extraordinarias que viven para gloria compartida.
Algo que también me ha fascinado de este día es el pebetero, con una llama increíble, fastuosa e imponente, en un recinto espectacular y en el que combina a la perfección.
Hoy también fue el día que junto con una amiga recordaba el partido de Waterpolo más emblemático de la historia, aquel de las olimpiadas de 1956 en Melbourne. Hungría y la U.R.S.S. se enfrentaban en un duelo mientras ambas naciones se encontraban divididas por la violencia que generaba la guerra. El partido que recordado como el más sangriento de la historia no podía haber terminado bien con este antecedente, y así fue… pero en muchas ocasiones, el final se encuentra más lejos de lo que el momento nos deja ver y es que hace un par de años, los sobrevivientes de ese partido, tanto rusos como húngaros se reunieron como amigos, dejando ver que aún cuando los juegos se fundamentan en el respeto por los demás, hay momentos que pareciera una hipocresía total. Esto lo recordaba cuando el actual mandatario de Myanmar aparecía en la televisión, un dirigente que ha pisoteado a las personas de aquel país asiatico con políticas atroces y una brutalidad que a pesar de la ofensa que representa se encontraba en un sitio donde la tolerancia y el sentido pacífico del evento le permitía, pero eso no significa que muchos de nosotros hayamos despreciado el verlo.
Siento que me desvío del tema, pero no podía evitar comentarlo…
Termino sólo con los deseos que me inspira este día, deseos que por razones supersticiosas no comentaré jeje, más bien mencionar que si bien la inauguración fue en sí, algo sin igual, debemos pensar que esto va mucho más allá de un evento atlético y me refiero al plano personal, cada quién sabrá cómo tomarlo.
Sum…